JUAN CARLOS BOVERI

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Juan Carlos Boveri nació en San Nicolás, provincia de Buenos Aires, en 1950.  Es un escritor alejado de grupos y corrientes literarias. Intransigente con toda forma complaciente y comercial de hacer literatura. Por decisión propia, es un auténtico escritor marginal.  Polémico y rebelde, con una vida intensa, tiene en su haber varios de los libros mejor escritos y más originales de la literatura argentina.

En los años setenta dirigió revistas marginales en las que se manifestaba una fuerte oposición a toda literatura que se apartara del compromiso social. “No son años para escribir poesía surrealista ni preocuparse en narrar el destino de Baqur Alawanllí cuando entró al laberinto. Algo demasiado grave ocurre en Argentina como para ser tan imbécil de no ver ni escuchar o tan cobarde de simular ignorancia” , escribió en el año 1977, durante la criminal represión del Proceso Militar.

En Límites se encuentran relatos notables como “Semilla mala”, “La historieta de amor del Bebe” o “La visita”. En “Dios se quedó dormido” (publicado con el seudónimo Juan Zeballos), con humor e ironía, realiza una crítica feroz a la iglesia y la sociedad. El libro, ya convertido en una obra de culto, fue impedido de ser distribuido por los canales comerciales comunes. En Escenas reflejadas en fragmentos de un espejo roto, comenzamos leyendo lo que creemos una serie de relatos cortos. En realidad, estamos leyendo una novela centrada en un pueblo del que desconocemos el nombre y la ubicación. En este libro, Boveri alcanza niveles muy altos en el lenguaje literario y se muestra como un consumado narrador. Azul, la que cuenta historias, una novela breve y perfecta, puede que sea su obra maestra.

Un estilo fluido, un perfecto dominio del lenguaje, imaginación, creatividad, y profundidad son características de su obra en prosa. En poesía mantiene las mismas preocupaciones:  los pobres, los humillados; el hombre con sus angustias, sus penas y su soledad.

monólogo para gente que estuvo distraída

el primer síntoma fue un imperceptible pestañeo del espíritu

no advirtieron que las veredas desembocaban en ríos negros y

rojos

de luto y sangre

un hombre profirió un grito

todos miraron hacia el otro lado

algo habrá hecho

dijeron

algo habrá hecho porque se lo llevaron dijeron

se podía pisar el pavimento pero no tener la certeza de estar

parado

sobre una tumba

la gente cerró sus casas con candados y puso muros alrededor

cuando los quejidos saltaron por encima de los muros

aumentaron el

sonido de la televisión para no escucharlos

así permanecieron hasta que se enteraron que todo había

terminado

salieron de sus escondrijos y murmuraron entre ellos

no sabían qué hacer ni qué decir

adónde podían ir ahora que el miedo había dejado la

humillación

de la cobardía

no les quedó otro remedio que salir de aquel recuerdo como

quien

sale de ver el film horrible en un cinematógrafo

                                          (de “Monólogo para una mujer dormida”)

Hombre Polvo

Hombre polvo.

Hombre preso al hombre.

Polvo preso al polvo.

Tan grande y tan pequeño.

Punto fugitivo en el espacio.

Insignificante y grandioso.

Vas viviendo y vas dejando los pedazos.

Con un poco basta.

En un poco cabe un hombre.

En un poco cabe la eternidad.

La vida es un hombre cosechando

y arrojando todo al viento.

                                     (de “Ecos de Otro”)

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